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DEVOCIONALES

Proverbios 6.16-19

La humildad es una convicción sana de nuestros méritos, talentos y logros. En la vida de cualquier creyente puede existir un gran obstáculo para la humildad: el orgullo. Pensar en uno como superior a los demás es lo opuesto a la humildad de corazón que Dios nos pide que demostremos (Fil 2.3). El orgullo es engañoso, pues es posible que no lo reconozcamos. Aún más peligrosa es la persona que es orgullosa por dentro, pero aparenta ser humilde por fuera. Sin embargo, no podemos engañar a Dios.

Hechos 6.4

Moisés escuchó la voz de Dios desde una zarza ardiente (Éx 3). Isaías tuvo una visión del trono celestial (Is 6). Sin embargo, la mayoría de quienes obedecen al Señor para ir al campo misionero reconocen su llamado constante. Es un susurro en su espíritu que les dice: “¿Cómo oirán sin haber quien les predique?” (Ro 10.14).

Romanos 8.33-39

No hay soluciones instantáneas para vencer la inseguridad. Primero, tenemos que reconocer que nos sentimos inseguros. Luego, debemos tratar de identificar qué circunstancias generan esos sentimientos. Por último, debemos decidir vencer ese estado mental. “Deslizarnos” hacia la seguridad es imposible; tenemos que esforzarnos para lograrla.

Salmo 40.1-5

Es posible que la inseguridad no nos parezca tan destructiva como el orgullo, la envidia o los celos, pero también puede ser muy peligrosa. La persona que habitualmente se siente insegura puede terminar muy afectada. Los sentimientos de inseguridad pueden desarrollarse a raíz de tragedias, como la pérdida de los padres en la niñez, o crecer en un ambiente violento. A veces nos sentimos inseguros por fracasos que hemos experimentado.

Génesis 5.21-24

El caminar de Enoc con Dios era tan íntimo, que la Biblia dice que “desapareció, porque le llevó Dios” (Gn 5.24). Esto implica que Enoc no murió, sino que fue llevado directamente a la presencia de Dios. ¡Qué testimonio tan maravilloso!

Salmo 89.1-10

El sincero clamor de David pidiendo ayuda llena los Salmos. Sus oraciones eran una mezcla de peticiones y de adoración que recordaban la grandeza de Dios. Orar con el reconocimiento de los maravillosos atributos de Dios nos recuerda que Él tiene poder, sabiduría y compasión para suplir nuestras necesidades.